Niños aburridos: no está tan mal.

La mayoría de los pequeños son verdaderamente incansables. Durante el período de vacaciones suele ser más evidente esta realidad ya que pasan más tiempo en casa. “A menudo los padres no saben cómo lidiar con esta situación. Compran juegos de mesa, planean diferentes actividades, se los envía a colonias para que compartan con otros niños de la misma edad, pero nada parece ser suficiente”, comenta la psicóloga infantil española Azucena Fernández Rey.



Antes que nada es importante manifestar que no está mal que el niño se aburra. “Cada uno debe aprender que tiene que existir un tiempo en el que no se tenga que hacer nada. Los niños deben aprender a llenar ese espacio sin que eso genere una ansiedad que lleve a las rabietas o al llanto descontrolado. El aburrimiento es necesario para que el pequeño tenga un control sobre sí mismo y su propio tiempo y pueda decidir qué hacer o qué juego crear”, sostiene la especialista. 
Algunas ventajas del aburrirse:
Manejar el autocontrol
· Crear nuevas ideas para poder jugar
· Lograr mayor independencia de los padres 
Siempre hay cosas por hacer. “Los padres tienen que incentivar al niño a colaborar en las tareas de la casa. Bañar al perro, arreglar el jardín, ayudar a hacer la comida pueden ser actividades muy divertidas para los niños. De esta manera no solamente estarán entretenidos sino que se les estará dando herramientas para que se integren a la familia y ayuden con las tareas de la casa”, comenta Fernández Rey. 
Actividades entretenidas que se pueden realizar en familia:
· Paseos en bicicleta
· Salidas al bosque
· Realizar un pic nic en un sitio al aire libre
· Apuntar al niño a natación o fútbol
· Organizar con otros padres la posibilidad de que los niños se reúnan a jugar una vez en cada casa (sobre todo si son hijos únicos)
· Salidas al cine
· Ver películas en casa
· Informarse sobre la guía de actividades culturales que hay en la zona donde se vive para poder asistir con ellos a los espectáculos (hay muchos que son gratuitos).
· Estimular la lectura. Acudir con ellos a la biblioteca e incentivarlos a que tengan el hábito de leer cada vez que se sientan aburridos.
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