Prevenir la caries en los bebés



La higiene bucal debe empezar cuanto antes, ya que la quinta parte de los niños menores de 4 años tiene una caries que no ha tratado un especialista

Por MONTSE ARBOIX
Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad estadounidense de Illinois demuestra que en la saliva de los bebés hay bacterias que se relacionan con la caries de la primera infancia. Además, sugiere que minimizar el aporte de azúcares fermentables y una adecuada higiene bucal desde la más tierna infancia, incluso en las encías sin dientes, ayudaría a prevenir la infección. Diversos estudios cifran la prevalencia de caries entre el 1% y el 12% en países desarrollados, mientras que en países en desarrollo llega al 70%. En España, según estimaciones de la Sociedad Española de Odontopediatría (datos de 2007), la prevalencia de esta infección en dentición temporal (dientes de leche) llega al 36%.

Un 40% de los niños escolarizados en la guardería tienen caries, según los investigadores de la Universidad de Illinois (EE.UU.). En mayor porcentaje, quienes provienen de familias con un nivel socioeconómico bajo, que consumen una dieta rica en azúcares y con madres con nivel formativo escaso: tienen hasta 32 veces más probabilidades de tener caries. Los investigadores descubrieron que el número de bacterias en la boca de los más pequeños es muy diverso e identificaron cientos de especies.

Los autores del estudio aseguran que, a partir del nacimiento, en los tejidos blandos de la boca permanecen los potenciales patógenos, antes de que salgan los dientes. Las bacterias responsables de la caries se unen entre sí para formar un biofilm (comunidad de bacterias) y, de esta manera, evadir las respuestas de defensa del organismo.

Por este motivo, es de vital importancia empezar con la higiene bucal cuanto antes. La Sociedad Española de Odontopediatría señala que, entre los niños de dos a cuatro años, una quinta parte tiene una caries que no ha tratado un especialista.

Consejos para prevenir la caries



Entre las medidas preventivas que recomiendan los especialistas figuran:
No preparar biberones con líquidos con azúcares, ni refrescos con gas. Durante la noche, si el bebé tiene sed, darle solo agua (ni zumos ni leche). De los 6 a los 12 meses, hay que tomar solo leche de fórmula. No dejar que el niño use el biberón con zumo o leche como si fuera el chupete y, si se duerme con él, retirárselo.
A partir de los 6 meses, enseñarle a utilizar la taza y, a partir de los 12 meses, empezar a abandonar el uso del biberón.
Tampoco es buena idea untar las tetinas con miel, azúcar o similares. La dieta es fundamental en la prevención de la caries. Todos los alimentos o bebidas que provoquen un pH ácido en la cavidad bucal son potencialmente peligrosos: golosinas, refrescos, zumos con azúcar añadido e, incluso, el pan, la bollería y la pasta. Harinas que en su metabolización producen hidratos de carbono provocarán un ambiente ácido.

Cómo cuidar los dientes de los más pequeños
Los especialistas insisten en la importancia de la higiene de encías y dientes de los más pequeños. Para empezar, en los bebés, bastará con frotar suavemente con una gasa limpia y humedecida con agua para remover la placa bacteriana después de cada comida. Además, acostumbrar al bebé a la rutina de la higiene puede ayudar en la transición al cepillo de dientes cuando sea más mayor. Cuando salgan los primeros dientes, es importante empezar con el cepillado, al menos, por la noche antes de acostarle. Es fundamental predicar con el ejemplo: si el hijo ve que sus padres se lavan los dientes, será más fácil que les imite.

La Sociedad Española de Odontopediatría sugiere que la primera visita al dentista sea al primer año de vida e, incluso, aconseja que la madre acuda a consulta durante el último trimestre de la gestación, como proponen la academia americana y la europea. Hay que inspeccionar de manera regular los dientes y, ante cambios en la pigmentación, consultar al especialista para intentar detener el proceso o los factores de riesgo asociados, si fuera necesario.

El chupete y los dientes
Está demostrado que el uso del chupete reduce la tasa de muerte súbita en bebés, calma la ansiedad y actúa como un "analgésico" para el dolor de los más pequeños. Incluso, el hecho de succionar libera tensiones craneales. Pero carga con una mala fama, no sostenida por completo con estudios científicos. Una idea equivocada relaciona su utilización con las malformaciones dentales. Según afirma un estudio publicado en "General Dentistry", el chupete parece que no provoca malformaciones dentales aunque, eso sí, hay que abandonar su uso antes de los tres años. De esta manera, los pequeños defectos se solucionan solos. Y hay más: siempre que se deje a tiempo, es incluso favorable para el desarrollo infantil.

No obstante, sí está relacionado con el desarrollo de malformaciones en niños mayores, como la mordida abierta (separación entre los dientes frontales superiores e inferiores que no entran en contacto al morder), la mordida cruzada (los músculos de la succión, junto con la posición de la lengua, hacen que dientes superiores e inferiores pierdan su paralelismo) o cuando los frontales superiores sobresalen en exceso por encima de los dientes frontales inferiores (se asemejan a dientes de conejo). No obstante, la maloclusión depende también de la musculatura: "Hay niños hipotónicos que desarrollarán alteraciones con el chupete; en cambio, niños con hipertonía muscular podrán vencer de manera fácil las pequeñas malformaciones derivadas de su uso, si se retira hacia los dos años", expone Melibea Vallvè, odontóloga del Centro Odontológico Doctores Miravé.

Otro factor importante, según esta especialista, es la respiración: muchos pequeños no respiran bien por la nariz y ello les hace succionar el chupete mientras colocan la lengua baja, lo que no permite un buen desarrollo del maxilar superior. Asegura que es similar a la lactancia materna o biberón, ya que la colocación de la tetina en la cavidad bucal del bebé no es la misma que la del pezón, ni anatómica ni funcionalmente.

Pero para que esto suceda, es necesario que el pequeño succione de forma constante durante unas seis horas al día. Es decir, la energía que aplique el niño en succionar y el tiempo que emplee son factores clave. Si se utiliza solo para dormir o en momentos puntuales, las potenciales malformaciones son reversibles.

El uso del chupete

Según afirma la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, AEPap, no hay evidencia científica que sostenga que el chupete sea beneficioso o perjudicial para el bebé, aunque sí recomienda que no se utilice los primeros días de vida para ayudar a la instauración de una adecuada lactancia materna. Los bebés tienen un instinto de succión muy fuerte y les aporta gran placer. Muchos pequeños necesitan succionar para calmarse, sobre todo, en periodo de destete o en ausencia de los cuidadores. En opinión de los especialistas, la mejor edad para retirarlo es entre los dos y los tres años, aunque también apuntan que es importante valorar la madurez del pequeño y otras condiciones médicas o psicosociales.
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