El embarazo no llega, ¿cuándo hay que preocuparse?

Lo normal es que la pareja logre el embarazo a lo largo del primer año desde el momento en que se lo propone, pero si eso no ocurre, no hay que perder la calma

Por CRISTIAN VÁZQUEZ
"Lo estamos buscando". La frase suele entrañar muchísima ilusión, anhelo, esperanza... Sin embargo, en algunos casos puede ir acompañada de ansiedad, inquietud, incluso angustia: "Lo estamos buscando desde hace tiempo... y sin embargo..." ¿Qué se considera una espera media normal? ¿Cuándo se debe preocupar la pareja?

Lo primero que hay que tener en cuenta es la edad. Para parejas cuyos miembros (sobre todo la mujer) tienen hasta 35 años, "lo normal es que consigan el embarazo dentro del primer año en que mantienen relaciones sexuales sin protección", explica Isidoro Bruna, ginecólogo jefe de la Unidad de Medicina de la Reproducción del Hospital Universitario Montepríncipe de Madrid y asesor del portal Concibe por parte de la Sociedad Española de ginecología y obstetricia (SEGO). El especialista agrega que "las parejas mayores de 35 años deberían pedir ayuda médica si no consiguen la fecundación a los seis meses de estar buscando al niño".

¿En qué consiste «pedir ayuda médica»?
Pedir ayuda médica quiere decir simplemente solicitar una consulta con un ginecólogo o incluso con el médico de cabecera, que realizará un análisis para detectar si existe algún problema en alguno de los miembros de la pareja, o en ambos, para concebir niños. En función de esos resultados, se determinará una estrategia terapéutica para procurar que la concepción se produzca. Cada caso es diferente y obliga a un tratamiento distinto, en función de las características de la pareja.



En la actualidad, hay un factor crucial que acompaña los problemas de fertilidad: el retraso del momento en que las parejas quieren tener hijos. Por desgracia, el cuerpo y el reloj biológico no entienden de cambios culturales, y la edad ideal para procrear sigue estando entre los 20 y los 30 años. Cuando una mujer tiene más de 35, el número de óvulos ha disminuido y estos son de peor calidad. Ciertas enfermedades que a los veintipocos son irrelevantes (como padecer de ovario poliquístico, por ejemplo) se convierten en problemáticas, e incluso aumenta notoriamente el riesgo de que el feto sufra algún tipo de alteración genética o enfermedades como el síndrome de Down.

De todas maneras, se deben considerar algunos datos estadísticos. En una pareja saludable en la que ambos miembros son menores de 30 años y tienen relaciones sexuales con regularidad, las probabilidades de lograr un embarazo se hallan entre el 25% y el 30% cada mes; la cifra baja a menos del 10% cuando la edad de la mujer supera los 35 años, pero eso no quiere decir que se convierta en una misión imposible. Ni mucho menos.

Fundamental: no agobiarse
El aspecto psicológico cobra una gran importancia si se tienen en cuenta las presiones que muchas parejas pueden sentir en determinado momento de sus vidas. La ansiedad propia, la presión de las familias o la existencia de parejas cercanas (de hermanas y amigas, sobre todo) que tengan niños pueden generar verdaderos agobios, que terminan siendo contraproducentes. Es muy importante mantener la calma. "Por suerte la medicina cada vez es más multidisciplinar, y en las unidades de reproducción se cuenta con la ayuda de un equipo de psicólogos que sirven de apoyo para la pareja afectada", señala el doctor Bruna.

En la web que el especialista asesora se expone que "la definición clásica de infertilidad es la ausencia de gestación tras un año de relaciones sin protección. Alrededor de un 85% de las parejas jóvenes y sanas que tienen relaciones frecuentes, lograrán un embarazo en el plazo de un año, y un 93% tras 2 años". También detalla que hay personas que tienen más factores de riesgo de infertilidad; por ejemplo, las mujeres que han tenido una infección pélvica, o los hombres que han padecido enfermedades u operaciones de testículo. En esos casos, es aconsejable consultar en cuanto se quiera tener familia.

Sin embargo, llama a la calma cuando asegura que la infertilidad absoluta sólo ocurre en unas pocas situaciones específicas: las de mujeres con las trompas obstruidas o que no tienen útero u ovarios, y hombres que no tienen espermatozoides en su eyaculado. Pero, incluso esos casos, gracias a los avances de la ciencia, no son definitivos: se puede llegar a lograr la concepción mediante la aplicación de tecnología médica específica y, quizás, con la necesidad de donación de ovocitos o semen. Es decir, hoy en día el asunto se puede ver con optimismo, porque, en rigor, muy pocas veces el problema carece de solución.
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