Hábitos y factores que dificultan la concepción

El tabaquismo, el estrés, tener problemas con el peso corporal o realizar ejercicios físicos muy extenuantes y con mucha frecuencia pueden representar inconvenientes a la hora de buscar el embarazo
Por CRISTIAN VÁZQUEZ
Las dificultades para lograr el embarazo se pueden deber a motivos naturales (edad elevada, causas genéticas, etc.) pero también a factores externos o hábitos, los cuales se pueden modificar con el fin de lograr la a veces tan anhelada como esquiva concepción. Las circunstancias que se detallan a continuación son aquellas que, con frecuencia, pueden convertirse en piedras en el zapato de la fertilidad.

Tabaquismo
El tabaquismo puede generar problemas para la fertilidad tanto en los hombres como en las mujeres.

En ellos, el consumo de cigarrillos puede ocasionar una pérdida de cantidad y movilidad (y, por ende, de calidad) de los espermatozoides, además de que también puede acarrear impotencia. Otras enfermedades, como la diabetes y un alto nivel de colesterol, tienen consecuencias similares: una baja considerable en la calidad del semen.
En las mujeres, el tabaco genera alteraciones hormonales que redundan en mayor dificultad para quedar embarazadas. Para ambos sexos, el alquitrán y la nicotina de los cigarrillos, junto al monóxido de carbono que se inhala, disminuyen la capacidad de oxigenar el organismo de manera adecuada, lo cual también provoca un decaimiento en la salud general del cuerpo.




Decenas de estudios han demostrado cómo a las parejas que fuman les cuesta mucho más lograr la concepción que a las que no lo hacen. Los porcentajes en que el consumo de tabaco reducen las probabilidades de embarazo varían según cada investigación, pero van del 50% al 75%. Lo bueno es que los efectos del cigarrillo «son reversibles con el cese del hábito, y su abandono puede mejorar de forma notable los resultados de los tratamientos de fertilización in vitro, reduce los riesgos, disminuye los costes de los tratamientos y favorece un embarazo saludable». Así lo señala Javier Marqueta, director médico del Instituto Balear de Infertilidad, responsable del estudio "Tabaco e infertilidad: ¿Estamos haciendo algo?", presentado en 2008.

Bajo peso o sobrepeso
El peso corporal tiene influencia en la capacidad de las mujeres para quedar embarazadas. Según un informe de la asociación civil mexicana Infogen, el 12% de los casos de problemas de fertilidad tienen como causa la falta o el exceso de peso. Esto es, en el caso de bajo peso, porque para una correcta ovulación el organismo requiere tener un mínimo de 22% de grasa corporal; las mujeres muy delgadas, cuyos parámetros están por debajo de esta cifra, sufren mucho riesgo de experimentar estas dificultades. En caso del problema opuesto, el del sobrepeso u obesidad, las posibles consecuencias tienen que ver con una alteración de la química hormonal. Y esto, como ya se ha mencionado, reduce las posibilidades.

Para saber si una persona tiene un peso corporal saludable, el factor a tener en cuenta es su índice de masa corporal (IMC), que consiste en dividir el peso (en kilogramos) por la estatura (en metros) al cuadrado. Por ejemplo, para el caso de una mujer que pesa 55 kg y mide 1,65 m, el cálculo sería:

55 / 1,65² = 20,2

Según la Organización Mundial de la Salud, el estado nutricional de un ser humano es saludable cuando el IMC se halla entre 18,50 y 24,99.

Estrés
Una vida con un alto nivel de estrés y ansiedad también puede ser motivo de dificultades para el embarazo. En general, esto se debe -al igual que los factores antes mencionados- a que en las mujeres altera el ritmo hormonal y en los hombres reduce la calidad de los espermatozoides. Con dos agravantes para este caso:

El primero es que en muchas personas que llevan un ritmo de vida demasiado frenético, el estrés suele venir acompañado de poco descanso, alimentación desequilibrada, consumo de muchas sustancias estimulantes (tabaco, alcohol, café, etc.) y sedentarismo, todo lo cual perjudica la salud general.
El segundo, que la búsqueda infructuosa del embarazo puede ser un motivo más para el aumento del estrés y la ansiedad, generando un círculo vicioso del que es difícil escapar.
Ante esto, nada mejor que parar de correr y plantearse otras cuestiones. El anhelo de ser padre o madre puede servir para preguntarse si de verdad merece la pena vivir siempre con prisas, si compensa trabajar tantas horas, si no sería mejor dejar de tomar café y dedicar un tiempo para salir a caminar, etc. Como siempre, la consulta con un profesional puede ser muy beneficiosa.

Ejercicio físico excesivo
Desde hace años se sabe de casos de mujeres deportistas a las que les resulta muy difícil quedar embarazadas. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, difundido en 2009, fue el primero en darle a esta sensación el rigor académico del que hasta entonces carecía. Las conclusiones afirman que las mujeres que están buscando un embarazo tienen menos posibilidades de lograrlo si entrenan demasiados días o realizan ejercicios extenuantes.

El trabajo se basó en datos de unas 3.000 mujeres sanas, en edad de concebir y sin problemas previos de fertilidad. Se las consultó acerca de la frecuencia y duración de la actividad física que realizaban y, diez años después, se las volvió a interrogar, esta vez sobre su experiencia con la concepción y el embarazo. Se descubrió que la fertilidad era menor en dos grupos: las que entrenaban casi todos los días y las que lo hacían hasta casi no dar más. En las que hacían ambas cosas, el riesgo de infertilidad era aún mayor.

Por lo tanto, lo óptimo es el equilibrio: realizar ejercicios para mantenerse en un buen estado físico, pero sin llegar a esos límites. Al menos cuando el objetivo principal es quedar embarazada.

Métodos anticonceptivos
No es verdad que las mujeres que han tomado la píldora anticonceptiva durante muchos años tengan mayores problemas para lograr el embarazo. Pero sí conviene dejar de tomarla unos tres meses antes del momento en que se comience a intentar quedar embarazada. Esto se recomienda debido a que es ese el lapso aproximado que tarda el organismo en regular de forma natural el ciclo de ovulación y menstruación. Durante ese tiempo, la protección se puede realizar, por ejemplo, con el uso de condones.
Por lo demás, todas estas cuestiones (y otras, como evitar el consumo de alcohol y drogas no permitidas, procurar una buena alimentación, un buen descanso y, en general, un estado integral saludable) conviene tenerlas en cuenta desde el momento mismo en que la pareja se propone lograr el embarazo, no solo porque acrecientan la fertilidad sino también porque afectan al feto en las primeras semanas de gestación, cuando todavía ni siquiera la propia mujer sabe que está embarazada. Es decir, es una manera de cuidar al bebé desde el inicio.
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